miércoles, 6 de diciembre de 2017

Una vida llena de color en blanco y negro


Antes de empezar a leer si eres de esas personas amantes de las bandas sonoras que cree que todo queda mejor y más sentido con la música adecuada de fondo, te propongo poner la siguiente lista de reproducción:
https://www.youtube.com/watch?v=5Gvrp20_WXM&list=PLLAmow6Tf4doT7mCJyyobLElCEIlK3QBL&index=1
Decidas lo que decidas espero que disfrutes de la lectura




Hoy se cumplen 93 años del nacimiento de mi abuela, parece mentira como ha pasado el tiempo. Si volviéramos al inicio de todo solo veríamos imágenes en blanco y negro de fotos que se han ido consumiendo y arrugando por los bordes, a veces creo que esas fotos de aquella época tienen peor aspecto que mi abuela, que como en el retrato de Dorian Grey entregaría su alma dejando que las fotos envejecieran a cambio de que ella se siguiera conservando joven de espíritu y corazón.
Una de las cosas que siempre lamentaba mi padre es que los mejores momentos de su vida los había vivido en blanco y negro, mi padre no es que tenga dos ojos de perro implantados, se debe a que las cámaras antiguas, aunque luego pudieras ver las imágenes en color, mientras filmabas se veía así.
El resto, aunque si vivimos esos recuerdos a todo color, bien podrían verse en nuestras mentes en blanco y negro, pues cada vez que entrábamos en casa de nuestra abuela volvíamos a una época anterior, “una época más fácil” como dice el popular dicho, en la que puede que no hubiese internet o móviles, pero gracias a ello se cuidaba más de las personas.
Desde el primer día en casa de mi abuela yo me sentí importante y aunque apenas sabía sostener mi cabeza yo sabía que ella también era increíble. Mi madre siempre me recuerda como en esos días en los que yo estaba insoportable y no paraba de llorar hacía que me acunara mi abuela y en cuanto ella me apoyaba contra su pecho me quedaba dormido.
Durante nuestra infancia siempre iba a celebrar mi cumpleaños y allí nos reuníamos con todos los primos, a veces nos quejábamos de que nos mandara bajar la voz en las fiestas, pero supongo que era normal con todos los que éramos, y ella, sin embargo, se alegraba de tenernos a todos allí, cantando el cumpleaños feliz 4 veces seguidas para que todos los pequeños sopláramos la vela, no porque fuera el cumpleaños de todos, simplemente nos hacía ilusión. ¡¡¡Aaaay los pequeños placeres de la infancia!!!
Las paredes de su pasillo vieron crecer a una generación de artistas y es que, aunque aún no existía la voz u Operación Triunfo nosotros ya interpretábamos nuestras canciones favoritas mientras nos puntuábamos y si nos encontrábamos esplendidos hasta bailábamos, ella nos miraba de reojo y sonreía y esa sonrisa nunca la ha perdido.
Hace 5 años mientras yo me encontraba en la universidad recibí un mensaje que me paró el corazón, me dijeron que fuera corriendo al hospital que acababan de ingresar a la abuela por un ictus. Fui corriendo todo lo que pude, pensando que como en Hércules, el hilo de la vida es muy fino y en un momento estás aquí y al otro te has ido, y yo igual no iba a tener la oportunidad de despedirme. Por suerte el único hilo que se rompió aquella tarde fue el de mis auriculares de la prisa que me di.
Esa semana mi abuela nos dio una gran lección de vida a todos, cuando incluso el médico decía que había pocas probabilidades de que viviera lo hizo. Cualquiera pensaría que ese era su momento de irse, pero como ya dije antes el corazón de mi abuela sigue siendo joven y le dijo que aún había muchas cosas que ver. Y así ha sido en estos años han sido muchos los nietos que se le han casado que les han traído a sus biznietos, que han acabado la carrera y están ya trabajando etc. Y espero que aún le queden muchas cosas más por ver al menos hasta los 100 años.
Se que cada día es más difícil, la movilidad en la parte derecha de su cuerpo es más reducida y apenas puede hablar, seguro que tendría tantas cosas que decirnos, por suerte, existe el lenguaje universal de los gestos con el que aún le entendemos la mayoría de las cosas: esa sonrisa enorme al verme llegar, su mano tocándome la cara para decirme que tengo que afeitarme o el movimiento de dinero para decirle a mi tía que nos de algo. Siempre le digo de broma que se lo guarde para irse al bingo o para los botellones, pero yo sé que a ella nunca le ha consumido la avaricia, todo lo contrario, lo poco que ha tenido siempre lo ha dado porque para ella el recurso más importante ha sido siempre su familia. Aún con una mano a veces coge el cepillo y peina a mi hermana, parece que las estoy viendo hace más de 15 años en frente del espejo del baño, subida la enana de mi hermana en el taburete y a ella detrás peinándola y echándola una pizca de colonia en el pelo, como le gustaba hacer con mi abuelo.
Otra de las cosas que me gusta hacer a veces con ella es coger el álbum de fotos que tiene sobre la mesilla y recordar antiguas anécdotas, ya sea en nuestro pueblo con el gato o en el jardín cuando ella se sentaba con su pamela a mirar las plantas, esos días en los que íbamos todos al Pardo a pasar el día con sus tuppers de filetes empanados o croquetas etc. ( siempre le ha gustado tanto cocinar, desde el arroz caldoso, fuentes enormes de patatas, pescado o filetes con salsa de manzana y de almendras o las “patatas a la importancia” a día de hoy sigo sin saber el porqué del nombre de aquel plato).
Pero sin duda lo que más ilusión me hace es cuando llego a la mitad del álbum y veo las fotos de mis primos graduados de la universidad, porque en uno de los huecos hay una pequeña foto de carnet mía de cuando acabé bachillerato. Cuando la miro me coge de la mano y yo sé que en el fondo lo que me quiere decir es que ese hueco está esperando por mí, a que me haga grande.
Han pasado 93 años, ha visto tantas cosas, y aún le quedan tantas por ver, yo solo espero que ese joven corazón siga dándole vida y vea como yo encuentro mi lugar en el mundo y como ese hueco del álbum se llena al igual que ese hueco en mi memoria y mi corazón que siempre ha estado lleno por ella.
Feliz cumpleaños abuela, te quiero mucho